“Únicamente sé que no me abandonaba el temor de que, al salir del último laberinto, me rodeara otra vez la nefanda Ciudad de los Inmortales. Nada más puedo recordar….” ( El Inmortal, de Jorge Luis Borges)

 

 Según cuenta la leyenda como tantas otras a lo largo de la historia,

 se cuenta que el explorador español Juan Ponce de León oyó sobre la fuente de la juventud de los nativos de Puerto Rico cuando conquistó la isla.

Insatisfecho con su riqueza material, emprendió una expedición en 1513 para localizarla, descubriendo el actual estado de Florida. Aunque fue uno de los primeros europeos en llegar al continente americano, nunca halló la fuente.

 Como os he dicho la leyenda es aún mas antigua remontándose a Alejandro Magno, y posteriormente a algunos de los Cesares del Imperio romano.

 A día de hoy, esa quimera sigue más viva que nunca, es el santo grial de la bioquímica moderna, y de la genética, y en especial de la estética,

pero volvamos a esa molécula que logre prolongar la juventud, podéis verla en cada una de las farmacias de barrio (omega no se cuanto, vitamina no se cual, etc…), se creyó dar con ella, se pensó en un principio que los antioxidantes podían prolongar la juventud, pero no fue así, más tarde se vio que una parte del cromosoma los telomeros podían o pueden ser la clave.

 Y por tanto la leyenda continúa……………, traducida en investigación, porque es un anhelo del ser humano, una quimera que sigue tras largos siglos ……pero podría ser, quizás, y porque no,…..

 que esa molécula de agua tan simple y complicada al mismo tiempo pueda interactuar con los genes del envejecimiento celular y  sin saber aún porque retrasar ese envejecimiento celular …dando lugar al principio de la inmortalidad, para esto último os recomiendo el cuento de Borges